
Ha sido una semana intensa. Han pasado muchas cosas, muchas (la gran mayoría) me han llenado de felicidad; otras más me han perturbado. He visto algunas cosas, he dudado, he pensado y no he llegado a conclusión alguna y creo que, por el momento, es lo mejor. No pensar, no manipular, dejar que el viento sople y me lleve donde quiera llevarme, estar donde el quiera que este. Es complicado, sí; lo es. No importa… o tal vez si pero no quiero que me importe, no por el momento. Hay un esencia en la roció de la mañana que me hace sentir feliz, hay algo en la atmosfera que me llena de tantas cosas y me libera de otras más. Pero al caer la tarde, al nublarse el cielo y saberme solo, débil y vulnerable un raro sentimiento se apodera de mi ser, mi interior pierde conexión con mi cerebro, no pienso solo siento. Y lo que siento no me agrada. Quiero llorar y lloro, quiero gritar y callo. Es complicado, sí; lo es. Algo no muy dentro de mí, no muy escondido, me lastima, me carcome, me consume lentamente. Habían pasado millones de horas desde la última vez que esto sentí. Es como cuando quieres correr a la velocidad máxima pero sabes que no puedes hacerlo porque tu velocidad máxima no es la máxima velocidad. Tengo muchas dudas, tantas preguntas sin respuestas y solo una persona puede cambiar eso. No preguntare, nada insinuare. En ocasiones como esta, es mejor creer que saber. Y prefiero callar y creer que todo es real que hablar y saber que nada podrá pasar. Es complicado, sí; lo sé… lo es.
Munchi.
